Joel Salatin, icono del nuevo paradigma agrario

Joel Salatin, icono del nuevo paradigma agrario

Entrevista a Joel Salatin

Ima Sanchis. -La Vanguardia

Tengo 62 años. Nací en Ohio, pero vivo en la granja familiar Polyface, en el valle Shenandoah, en Virginia, desde los 4 años. Me licencié en Literatura Inglesa. Estoy casado, tengo dos hijos y tres nietos. Defiendo las pequeñas granjas y las cooperativas locales, la integración del humano en la naturaleza

“Si quieres ser útil y feliz, tienes que tocar visceralmente la vida”

Soy ecologista, cristiano, capitalista, libertario y lunático.

¿Lunático?

Eso me llaman, porque todo lo que hacemos en mi granja es lo contrario a la ortodoxia.

Deme un ejemplo.

La ortodoxia dice que a los animales hay que encerrarlos en una instalación y darles de comer. Nosotros dejamos que pasten todo el día, pero los vamos cambiando de lugar para que no sobrepasten.

Entendido.

La ortodoxia dice que si mezclamos distintas especies de animales en un mismo lugar enfermarán, mientras que nosotros hemos demostrado que esa mezcla les hace más saludables.

¿Por qué?

Los animales prosperan en un ciclo simbiótico de alimentación. Las vacas se mueven de un pasto a otro. Gallinas y pollos van detrás de ellas, cavan a través del estiércol y se comen larvas de moscas ricas en proteínas mientras fertilizan el campo con sus excrementos.

¿Cuál es su filosofía?

Cada uno de nosotros debe dejar más tierra ­fértil, más agua limpia y más aire puro que cuando llegó a este mundo. Todos debemos participar en la sanación de nuestro nido.

¿Cómo empezó todo?

Mi padre era economista y mi madre, profesora. Amaban la tierra, compraron la granja y criaron vacas que nunca les dieron de comer.

Mal negocio.

Mi abuelo tenía un huerto ecológico que era mi pasión, era la abundancia, la vida en unos pocos metros cuadrados. Mi sueño siempre fue extender eso a toda la tierra.

Su granja era la peor del pueblo.

Sí, estaba devastada, llena de rocas y zanjas. No había nada de vegetación, la tierra tenía un 1% de materia orgánica. Toda la finca daba de comer a diez vacas.

La ha convertido en un vergel.

Hoy en día las rocas ya están cubiertas de tierra, tenemos un 8% de materia orgánica en el suelo y podemos alimentar a mil vacas. Y todo ello sin fertilizantes, sin químicos ni pesticidas.

¿Cuál ha sido la piedra en el zapato?

El gobierno y su burocracia. Si fuera por ellos, nuestra granja no existiría, pero nunca hemos cejado en nuestro empeño de que esta es la forma correcta de practicar la ganadería, de tratar al paisaje y a los animales.

¿Ha tenido que cometer ilegalidades?

No preguntamos, preferimos pedir perdón a pedir permiso. Pero hay muchas cosas que nos gustaría hacer y son ilegales, como vender leche cruda, ahumar cerdo, construir una silla con nuestra propia madera…

Hasta ahora creíamos que la única manera de ganar dinero como granjero era con la ganadería y el cultivo intensivos.

Estamos en pleno cambio de paradigma. Yo trabajo con varias especies en 60 hectáreas: 1.000 vacas, 800 cerdos, 40.000 pollos por año y 5.000 gallinas ponedoras. De esa manera puedes llegar a ganar 30.000 € por hectárea, sin cemento, ni vallas, ni edificios, ni medicamentos.

Fue usted pionero en la venta directa.

Defiendo el comercio de proximidad, servimos a 5.000 familias, a 50 restaurantes, a 10 tiendas de producto de calidad, recibimos a 1.500 visitantes al año y hacemos seminarios.

Los supermercados no deben estar muy contentos con usted.

A mí me encantaría eliminarlos. Defiendo las pequeñas granjas, las cooperativas locales y la relación productor-consumidor directa. Hay que dejar de subvencionar las granjas industriales y la agricultura química que está destruyendo los recursos del planeta.

¿Qué debemos saber los consumidores?

Que cada día, con las decisiones que tomas con tu comida estás creando el paisaje que heredarán tus hijos, y no hay manera de evadir esa responsabilidad: No hay ni una sola rana en el mundo que se diga una mañana “¡hoy no voy a participar!”, y tu tampoco puedes hacerlo.

¿Y por dónde pasa?

Tres cosas: la primera métete en la cocina, deja de comprar alimentos procesados, pon fin a esa agresión a tu comunidad intestinal.

La segunda.

Tienes que adentrarte en el misterio de la vida a través de pequeñas cosas como un huerto colgante o una planta de tomate en el alféizar de la ventana, si quieres ser útil y feliz tienes que tocar visceralmente la vida. Y mi preferido: en lugar de periquito, ten dos gallinas en casa que se coman los restos de tu comida y te den huevos.

Y la tercera.

Invierte en un sistema alimentario auténtico, comida hecha con integridad. ¿Hay inversión más importante que esa? Todos los imperios colapsaron cuando agotaron los recursos de su suelo, ¿por qué vamos a ser nosotros distintos?

Todo lo que sabe lo comparte en internet.

Quiero que los consumidores encuentren granjas en su área y mantengan el dinero en su comunidad. Hay que descentralizar.

¿Los pequeños agricultores pueden vivir?

Si colaboran entre ellos conseguirán que uno más uno sume tres. Hoy los granjeros sólo obtienen el 9% del dinero que se paga en la tienda por un producto.

¿Qué merece la pena en la vida?

Una vida fértil. Levantarme por la mañana y saber que estoy cuidando de la creación y multiplicando los bienes de esta tierra. Para mí eso es un privilegio y un honor.

Divergente

Tiene brazos como árboles y una felicidad contagiosa. Son famosas sus clases en las universidades por las carcajadas que desata. Se trata, según la revista Time, del mejor granjero del mundo, icono del nuevo paradigma agrario: recuperar el tejido rural, la piel de la tierra, el agua y el aire limpios y una vida digna para los animales de granja, incluidos los granjeros. Salatin lo ha conseguido en su granja de Virginia utilizando métodos de manejo holístico en la cría de animales y la venta a través de marketing directo, y ha creado una lanzadera de jóvenes agricultores. Ha venido invitado por la asociación Organic Managers y la editorial Diente de León, que publica Esto no es normal, el único de sus 12 libros traducido al español.

Ana Azcarate
ana@editorialdientedeleon.com

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