Le queremos dedicar unas palabras, un espacio de tiempo, a Marisol Garrido del equipo fundador de la editorial, gran amiga y profesora. El proyecto editorial de Diente de León surge como proyecto final de la formación en Agricultura Biodinámica que hice con Julio y Marisol. Al finalizar teníamos que presentar un proyecto; la mayoría lo hizo relacionado con el campo, pues casi todos los que estaban allí eran agricultores. En cambio yo estaba allí por mi pasión hacia las plantas medicinales, pasión que compartíamos las dos. Incluso soñamos con tener un campo juntas para cultivar plantas aromáticas. Y siempre me decía: «Hay que dejar que el suelo se exprese, y dejar que crezca lo que está allí.» Aprendí muchísimo con Marisol. Fue una amiga entrañable, de esas con quienes hablas de todo y de nada, de vez en cuando nos invitábamos a comer y el tiempo pasaba sin que nos diéramos cuenta. Tenía una forma de mirar el mundo, las plantas, las personas, la vida, que te dejaba siempre con algo nuevo en lo que pensar. El nombre de Diente de León también fue una sugerencia de ella. Yo estaba segura de que quería que fuera el nombre de una planta, pensaba en algo en latín, hasta que me dijo: «¿Qué te parece Diente de León? Es una planta muy auspiciosa, regida por Júpiter, el planeta del crecimiento y la expansión.» Tenía razón, como tantas veces. El diente de león es una de las primeras plantas que aparece en primavera, de sabor amargo y función depurativa. En la agricultura biodinámica se usan sus flores secas para hacer un preparado que fortalece el crecimiento de las plantas y ayuda a la fertilidad del suelo. Y su semilla tiene la particularidad de ser muy resistente y propagarse fácilmente; viaja lejos, echa raíces donde llega. Cuando pienso en Marisol, pienso en eso. En alguien cuya semilla ya está sembrada en muchos de nosotros, y que seguirá creciendo. La muerte nos produce desasosiego, vacío. Pero la realidad es que camina al lado nuestro, es nuestra compañera de vida. Y no somos solo cuerpo. Marisol está y siempre estará en todos los que tuvimos la oportunidad de compartir su vida y sus enseñanzas. Esta editorial tiene su huella, su impronta. Como escribe Wolf Erlbruch en El pato y la muerte: «Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba. Cuando le perdió de vista, la muerte se sintió incluso un poco triste. Pero así era la vida.» Gracias, Marisol 🌿 |