«Todos deberíamos tener una gallina en casa»

El granjero más polémico de Estados Unidos, Joel Salatin, apuesta por beber leche cruda y critica que los consumidores no se preocupen por saber de dónde viene su comida: “El mayor riesgo es la ignorancia. Cuando uno es ignorante, le engañan muy fácilmente”.
Se autodefine como “cristiano, libertario, ecologista, capitalista y lunático”. Su charla lo confirma, sobre todo lo extravagante y ecologista. El granjero más polémico de Estados Unidos se llama Joel Salatin y cree que todos deberíamos tener una gallina en casa. “Se comen las sobras, te dan huevos y encima son el perfecto modelo a seguir para los adolescentes: madrugan, comen de todo y se acuestan cuando cae el sol”, explica el también autor, que acaba de publicar Esto no es normal. Recomendaciones de un granjero que ama a los animales (Diente de León). «Salatin minimiza los riesgos de beber leche cruda: “Cualquier producto que no se trate y manipule correctamente, puede ser peligroso” Además de tener una gallina, este granjero, que promueve un modelo de producción distinto, ecológico y que nos devuelva al pasado (agrario), apuesta también por una de las tendencias que en los últimos tiempos más han preocupado a los especialistas en España, la de volver a beber leche cruda. “¿Que si entraña riesgos? ¿Tiene riesgos beber Coca-Cola? Cualquier producto que no se trate y manipule correctamente, puede ser peligroso. Mucha gente hace cosas que para mí lo son, como hacer puenting o dar de comer a sus hijos pollo de granjas industriales. Pero lo importante es que cada uno tome sus riesgos de forma adulta y consciente. Yo nunca bebería leche pasteurizada pero no quiero que el Gobierno lo prohíba. Quiero tener capacidad para decidir”, asegura el propietario de la granja Polyfaces.

Un modelo agrícola ecológico y de proximidad

También resulta chocante que el modelo agrícola que propone, ecológico y de proximidad, pueda convivir con el mundo en este siglo XXI, en el que muchos expertos consideran que sólo es posible la producción industrial. Pero Salatin lo combate con vehemencia, se le notan los trofeos de debate del instituto. “Claro que es posible. Tiramos casi la mitad de la comida que producimos, nunca habíamos desperdiciamos tanto como ahora. Además, al menos en Estados Unidos, con los kilómetros cuadrados que se dedican a césped y a caballos recreativos habría superficie suficiente para todas las granjas que se necesitarían. Y no tengo nada contra los caballos”, explica divertido. Además, el granjero subraya que las ganaderías industriales “sólo muestran en la foto el interior de sus granjas, pero no el espacio que necesitan para cultivar los cereales con los que alimentan a los animales o para verter el estiércol. En nuestro modelo de granja la foto lo enseña todo”. Salatin añade que en un modelo de granja con el suyo, “donde las vacas van cambiando de pastos cada día, el forraje tiene una productividad cinco veces mayor” Salatin recurre a la dehesa española para explicar otro de los problemas que solucionaría volver al modelo agrario que propone. “Los modelos multiespecies son más productivos que los de una sola. Ha ocurrido en la dehesa, antes se criaban cerdos ibéricos, vacas y ovejas. Como el cerdo se volvió tan apreciado se abandonó la cría de vacas y ovejas, lo que ha hecho disminuir la productividad del entorno”.

Más caro sí, pero no en la factura global

Admite el granjero que la comida “íntegra” que él propone sería más cara. “Comida íntegra es comida creíble, económica, ecológica y socialmente. Tiene que ser más caro, porque es como comparar un Dacia con un Mercedes Benz”, explica el granjero. Si ese aumento del precio sería de un 10% o un 30%, Salatin cree que nadie lo sabe, pero sí subraya que la factura “global” se abarataría. “Como siempre que las innovaciones se generalizan, los precios terminarían bajando. Y pagaríamos mucho menos en remedios para la polución, la toxicidad, los patógenos o las enfermedades, por lo que en términos globales sí sería más barato”, aclara. Más allá de eso, Salatin cree que el cambio debe ser cultural. “Nadie espera que un jamón ibérico de bellota sea barato. Aquí hay que tener en cuenta lo que una sociedad está dispuesta a pagar por su tierra, su agua, su aire y su comida. Esto identifica cuáles son sus valores”.

Empezar por una maceta

Al que quiera sumarse al cambio Salatin le recomienda que “busque un granjero”: “En Estados Unidos y sé que también en España cada vez son más las opciones para conseguir productos ecológicos y de proximidad. Sólo hay que dejar de gastar energía en cosas que no necesitamos y ponerlo en descubrir los tesoros agrícolas de la comunidad, que los hay”. Y aún más fácil, el granjero dice que basta con cultivar una hierba aromática o cualquier otra cosa en una simple maceta, ya que nos ayudará a “tocar visceralmente la maravilla de la vida”. Por último, trabajar en la cocina. “No sólo en el microondas, hoy día tenemos yogurteras, heladeras, paneras… cosas por las que tu abuela hubiera dado su ojo derecho. Cocinar nunca ha sido tan fácil”, dice Salatin, tercera generación de granjeros, y convencido de que otra manera de comer es posible, “siempre que cada uno compre comida sin procesar y prepare, cocine y conserve sus propios alimentos, es fácil comer como un rey y pagar como un vasallo”. Fuente: El independiente

Impact Hub Alameda recibe a Joel Salatin

El 16 de abril tenemos una cita con la sostenibilidad medioambiental a través del primer libro en castellano de Joel Salatin «Esto no es normal» y que estará con nosotros en el Impact Hub Alameda en una charla gratuita. (Imprescindible inscripción en este enlace) os queremos acercar este evento que estamos organizando con las primeras palabras del libro, el prefacio: Quizá la lección más importante que he aprendido mientras impartía seminarios por todo el mundo es cuánto nos parecemos. Puede que nuestros políticos, nuestro clima y nuestras tradiciones sean diferentes, pero todos tenemos palabras para definir las mismas emociones, todos comemos y todos dependemos por completo de una tierra productiva para sobrevivir. Todos necesitamos agricultores. Otra similitud que compartimos es la edad avanzada de los agricultores. Esta es más acusada en Japón, donde la edad media ha llegado a los setenta años, pero es similar en la mayoría de los países desarrollados. En Estados Unidos ahora mismo la media está en sesenta años, prácticamente igual que en toda Europa. Por lo tanto, a lo largo de las próximas dos décadas, más o menos, la mitad del patrimonio agrícola (tierras, edificaciones y maquinaria) cambiará de manos. ¿A manos de quién? ¿Quién controlará este cambio? Esta transición es tan aterradora como emocionante. Significa que aquellos que saben cómo ganarse la vida trabajando la tierra tendrán una oportunidad sin precedentes. El paradigma actual altamente capitalizado y basado en monocultivos de alimentos de primera necesidad tiene poco que ofrecer a la próxima generación. De ahí la falta de sucesión. Pero los nuevos modelos de producción diversificados, centrados en lo local y en la densidad nutricional de los alimentos, ofrecen a la siguiente generación una puerta de entrada a la más sagrada de todas las vocaciones. Si sabes cómo ganarte la vida trabajando la tierra, si puedes gestionar el paisaje para lograr belleza estética y aromática, si entiendes cómo se construye una tierra fértil, entonces te irá mejor que a cualquier otra generación agraria. El tipo de agricultura que defiendo en este libro sustituye las grandes inversiones de capital, energía y productos farmacéuticos por grandes inversiones en personal y gestión. Es un intercambio positivo y una promesa para las sociedades con altas tasas de desempleo. Además, la agricultura ofrece una vocación noble y sagrada para los millones de personas que no quieran pasar su vida enjauladas en cubículos y sentadas delante de un ordenador. Somos muchos los que adoramos trabajar con las manos, tener callos y mantenernos vitales con un trabajo intenso. La participación visceral en la naturaleza a través del trabajo físico nos otorga sentido común y una satisfacción que reafirma el alma. Esto no es ganarse la vida, esto es vida. El tipo de agricultura promovida en este libro es tan aplicable en las zonas costeras del Mediterráneo como lo es en el País Vasco, en América Central o en el extremo sur del continente americano. El alcance de la lengua española, legado de una cultura visionaria, llega ahora hasta mi corazón y nos conecta con la esperanza de una tierra sanada y un impulso agrario emprendedor. Me siento agradecido y afortunado sabiendo que estas ideas encontrarán ahora un lugar en los corazones de muchas más personas. Gracias, muchas gracias a todos.  Joel Salatin – Polyface Farm, 2017